sábado, 18 de agosto de 2012

20º Capítulo

He hecho una especie de diario con los 7 días y 6 noches de este magnifico viaje.

  • Día 7 de Agosto de 2012
Empece a escuchar un ruido molesto, alguien estaba abriendo una cremallera larga. Empece a hacer ruidos de enfado.
mm- grite
- Despertad tortolitos, es hora de desayunar, que hay un largo día por delante- esa voz era claramente de Berta, como es que se ha levantado tan pronto ella nunca madruga
- Esta bien, pero vuelve a cerrar la cremallera- dijo Miguel
- A sus ordenes- contesto Berta, cerro la cremallera y se alejó

Mire el reloj, y entendí que nos levantara, eran las 12:00. Me puse en pie y recordé que estaba en la tienda de campaña, me choque contra el techo y me agaché. Salí de la tienda a coger mi vieja maleta azul. Cogí unos vaqueros cortos y una camiseta de tirantes sencilla. Me gire para que Miguel no me viera cambiarme.
- Venga Ana, ya te he visto en ropa interior
- Pero eso era por otra razón, ahora me estoy cambiando, eso no es romántico
- Si, pero me gustan las vistas
Sonreí, me gire y me quite la camiseta de forma sexy. El me tiro y me agarró. Me hizo cosquillas y cuando estaba mi cabeza sobre sus piernas, me beso.
- No me atontes con esos besos, que es muy tarde, hay que bañarse, salir por ahí...- seguía hablando, cuando, de repente me calló con un beso. Me escabullí, me puse el bikini, la camiseta, me cambie de pantalones y me peine.  Él seguía en su saco. 
- Venga, levanta
- Ahora, yo tengo sueño- me anunció
- Sal del saco y vístete
- No
- ¿Como te has atrevido a decir no a Ana Vega?- le abrí la cremallera del saco se lo quite de las piernas. Le bese y él me beso, entonces la camiseta del pijama.
- A la, ya solo te falta el bañador y listo para el día.

Al final me hizo caso y se cambió, salimos de la tienda de la mano. Pude ver a Berta rodeada de nuestros amigos comentándoles cosas. Hacía un día precioso y caluroso, no había muchas nubes que interrumpiesen los rayos del sol. El agua estaba muy clara y limpia, daba ganas de entrar de golpe. La voz de Berta interrumpió mis pensamientos.
-Por fin, ya creíamos que estabais...
- ¡Berta!- la interrumpí gritando y sonriendo con cara de asombro a la vez. Creo que me había puesto roja. Como pudo decir eso, no me molestaba, pero cualquier cambio que creí detectar antes, se alejó de mis pensamientos.
- Bueno, bueno. Chicos, como yo me se este pueblo, creo que debería decir a donde ir. Podemos quedarnos aquí hasta la hora de comer. Luego ir a un restaurante o algo. Después podemos visitar la isla. - dijo Berta
Todos se quedaron sorprendidos con lo de la isla. Yo tenía ganas de ir, pero por el momento quiero bañarme en esa agua cristalina.

Sofia puso música con su ipod y sus altavoces. Y nos desnudamos. Luego nos acercamos a la orilla, la arena era más blanda y la podías sentir entre los dedos, el agua te mojaba los pies. De repente Mireia me salpicó. Yo corrí detrás de ella y la empapé. Después todos se empezaron a mojar unos a otros.



El agua empezó a cubrirnos por las caderas y alguien me empujo por detrás, y me caí en el agua. Me encantaba esa sensación, estar bajo el agua. Al sacar la cabeza vi a Abel. Le di la mano, él la cogió y tire de él, no se como lo hice pero se cayo al agua.  Entonces vi como lo había conseguido.
- Hola pequeño tomate rojo, he venido a salvarte- dijo Miguel
Sonreí. Nos dimos un beso. Entonces le puse mis brazos sobre su espalda, le empuje hacia atrás y el me agarro. Estaba debajo del agua envuelta entre sus brazos, me soltó y pude salir a respirar. 


Nos lo pasamos genial, después salimos y nos tumbamos en la arena a tomar el sol y hablar. Luego jugamos a las cartas. Después nos vestimos y fuimos al pueblo.

Era bastante pequeño, la plaza tenía pocas tiendas y estaba como desierto.
- Esto parece desierto- dije
- Si, aquí vive poca gente y no se deja  aparecer por la plaza. Por eso hay muchos turistas, pero prefieren comer en la isla.
La forma en la que nombro la isla, era misteriosa y atractiva, me entraron ganas de verla. Pues no había mucho donde elegir, un restaurante pequeño que no tenía buena pinta, un bar con fotos de chicas desnudas por las paredes o un sitio de helados.
- Pues yo elijo el bar- dijo mi hermano riendo
- Jaja- dice Sofia
- Venga, cariño, sabes que solo puedo verte a ti- dice mi estúpido hermano
Entonces la coge y la da un beso.
- Uh, muac, muac- dijo Berta
- Bueno, entonces el restaurante ¿no?- dijo Jaime
- Vale- dije
- Si-dijo Mireia
- Jo -dijo Adrian
Me acerque a Sofia y la dije al oído:
Deberías dejarle
- Te he oído- dijo mi hermano
Todos nos alejamos riendo. La verdad es que salir con mis amigos y con mi hermano no esta siendo tan mal como me pensaba, después de que Sofia me suplicara una y otra vez, acepté a que viniera. Comimos, la comida no estaba mal y no tardaban nada en servirla. Pero no entendía porque no ponían servilletas, eso me hizo desconfiar un poco  de la limpieza del restaurante. Pagamos cada uno lo suyo, luego salimos.
- Bueno ¿Quién quiere ir a la isla?- dijo Berta
Todos gritamos "yo" a la vez. Seguidme. Avanzamos por una pequeña calle, sin asfaltar, estaba llena de piedras, olía realmente mal y cada vez de hacía más estrecha. Por fin llegamos al final y allí estaba una tienda de bicicletas. Era pequeña y cutre, estaba rodeada de plantas que hacían sombra en el interior.
-¿Qué hacemos aquí?- pregunte
- La isla no es que este cerca precisamente- dice Berta, con tono sarcástico
- Pero, tía ¿Cuanto va a costar entre la de comida que vamos a comprar y esto?-dice Mireia
- No te preocupes- dice Berta, tocándole el hombro.- es gratis, solo la vamos a alquilar.
Entramos, y salimos con nueve bicicletas. Eran muy bonitas de color rojo y blanco. Hice una foto a Lidia con el móvil.



No tardamos mucho en llegar, yo conducía mi bici cerca de las chicas y hablamos de cosas; como de chicos (esas conversaciones nunca faltan), de dinero ( Mireia no tenia mucho dinero, y no podía pagar 7 días 3 comidas por día, bueno yo tampoco podía y seguro que la mayoría tampoco). Llegamos.

Esa isla era preciosa, tenía muchas palmeras cerca de la playa. Había un camino cerca de la playa rodeado de más palmeras y rocas para pasear con la bicicleta. Hacía menos calor y había más humedad. Era perfecto. Entonces los chicos empezaron a pelearse con las bicis y aprovechamos las chicas para hablar.
- Este sitio es...-dije, sin palabras para describirlo
- Perfecto, lo se- dice Berta
- ¿Cómo es que no vienen aquí todo el mundo a veranear?- dice Mireia
- Pues no lo sé -dice Berta, intentando encontrar una explicación
- Este sitio nos encanta, gracias por enseñárnoslo- comenta Lidia 
- Es verdad, muchísimas gracias- digo
- Jaja, este es un sitio perfecto para que Ana deje de ser...- Berta no puede acabar la frase
- No, no digas esa palabra, te van a oir
- ¡Virgen!- grita Berta. Todos los chicos se giraron, incluido Miguel, que vergüenza.
Miro con ojos de loca a Berta. La verdad es que quería hacerlo, sentía que era el chico de su vida, quería que su primera vez fuera con él. Pero ¿y si no le gusta lo que ve? ¿Que pasa si no lo hago bien? La duda más grande que tenía era, si era su primera vez también. No puede ser, el es tan guapo, y antes ligaba con todas, alguna tenía que haberse acostado con él. Imaginárselo era espantoso. Intentaba pensar en otra cosa, todo era tan confuso, estaba tan nerviosa. Entonces suena un sonido muy alto, mi cabeza se gira directamente, era como un reflejo. Miguel estaba tirado en el suelo.
Frenamos las bicicletas. Me bajo de ella y la dejo en el suelo. Miguel tenía cara de dolor pero no era nada, aunque era desagradable verle sufrir, aunque fuese por una cosa tan tonta como por un pequeño corte. Me acerqué a él.
- Miguel ¿estas  bien?-dije. El intentaba levantarse.
- Si, no es nada. Cuando te pille Jaime.
- Lo siento tío.- respondió Jaime
Entonces besé a mi novio. Le pilló por sorpresa, porque no solemos besarnos en público, bueno, no cuando todos nuestros amigos nos miran. Daba un poco de vergüenza que nos miraran. Al soltarle vi como Berta hacía señales a los demás de que se fueran.
- Uh, mi hermanita parece sacada de una película. Que beso tan apasionado- decía mi estúpido hermano mientras se alejaba
- Muac, muac,muac- se oía a lo lejos
- Que tontos que son-decía Berta con voz muy madura. Como si ella no lo hubiese echo nunca.-estamos en frente del hotel Zimmerman.

- Uff...por fin se han ido-dijo Miguel. Sonreí.
- Ese beso...- intento expresarse Miguel, pero yo le interrumpí.
- Ya se que fue una estupidez, no se porque lo hice. No me gusta verte así, tirado, herido.- murmullé intentando explicarme
- Ha sido genial- dijo mi novio, mientras posaba sus labios en los míos. Estaban calientes y era una sensación genial. Definitivamente quería hacerlo con él. Me toqué el pelo y me alejé unos centímetros de su boca.
- Oye, esta pregunta es rara... y muy incomoda- dije
- A ver, dime
- Er... quería saber. Vale, sin rodeos. ¿Te has acostado con alguien?
El parecía desconcertado. Luego sentí que se ponía nervioso.
- Si
Esa palabra tan pequeña, significó tanto para mí. Mi sonrisa, cambio a disgusto. Mis ojos se pusieron húmedos. No, para Ana. No llores. Pero es que tenía tantas ganas. Que no fuese virgen, era esa idea insoportable que me quería quitar de la cabeza. Él notaba mi disgusto, pero antes de que dijese algo dulce que me hiciese derretirme, le dije:
- ¿Con cuantas?
- Solo una
Una chica, solo una, para mi no me parecía poco. Era horrible. ¿ Quien habrá sido la afortunada? ¿Quien habrá disfrutado de tocar, esos brazos, esos abdominales, esa tripa? ¿Quien se habrá acostado con mi chico? Cada pregunta que me hacía, me hacía tener más ganas de llorar. Empecé a sollozar.
Vamos- dije, se me cortó la voz. Me levante y eché a andar hacía mi bicicleta.
- Ana- gritó
Me giré. Él se acercó a mi. Puso su pecho tan cerca del mio que casi podía sentirlo. Acercó tanto su boca a mi cara, que casi podía besarle.
- Ana, si, me he acostado con una chica. Pero, ojalá no lo hubiese hecho. Solo lo hice porque estaba borracho, no sentía nada por ella. Nada, comparado con lo que siento por ti. Ojala, si es que alguna vez quieres dar el paso, que yo lo hubiese dado contigo. Lo que haya hecho ajeno a esta relación no puede importar, porque he cambiado. Ahora mantengo una relación con una persona tan especial. Si alguna vez quieres dar el paso, será también el mío. Porque tu me has cambiado completamente. Ana, te quiero.
No podía hablar. Nunca nadie me había dicho que me quería. Lagrimas se caían por mis mejillas, pero no eran de tristeza, sino de felicidad. Sonreí.
- Yo también te quiero Miguel
Entonces mis labios rozaron los suyos y luego se juntaron más y acabo siendo un beso largo y apasionado sentía chispas,calor,amor. Creía escuchar la voz de mi cantante favorita, Taylor Swift, cantando Sparks fly, diciendo:


" Cause I see Sparks fly, whenever you are smile

  Get me with those green eyes, baby
  As the lights go down
   Give me something that'll haunt me when you're not around "


(" Porque veo chispas saltar cada vez que sonríes
  Persuádeme con esos ojos verdes cariño
  Mientras se apagan las luces
  Algo que me refugie cuando no estés cerca
  Porque veo chispas saltar cada vez que sonríes ".)

Es una sensación tan preciosa. Pero no duró mucho más porque tuve que llevarle en bicicleta. Lo que hicimos fue esconder la suya en un arbusto, para que no nos la robaran. 

Entonces se sienta en la bicicleta y yo en el hueco que queda y encima suyo. Empecé a acalorarme, creo que estaba roja. Así que empecé a llevarle pero pesaba tanto.
- Cariño, ya podías quitarte esos kilitos de más- dije. Yo sabía perfectamente que el estaba delgado y en forma, no necesita adelgazar nada, pero era para verle enfadarse.
Sonreí.
- Ah ¿yo? Creo que tu deberías hacer ejercicio para poder tener algo de brazo-dijo él
- Eres tonto
- Si, pero te quiero- no me iba a acostumbrar a oír eso. Esas palabras me hacían sentir la chica más feliz.
- Bueno, pues la chica a la que quieres te va a dejar conducir.
Al final, me llevó él y llegamos en menos de cinco minutos. Dejamos la bicicleta aparcada junto a las demás. Y seguimos a nuestros amigos a la playa. Esa parte tenía muchas rocas y había unas bastante grandes a unos cuantos metros de allí. Al final de la playa había una carretera y al otro lado un buffet libre. Nos empezaron ha decir cosas tontas como lo de "muac, muac", que infantiles podían llegar a ser.

Nos metimos en el gran buffet, era muy barato para la comida que había. Solo costaba 4 euros y podías comer todo lo que quisieses. Estaba hambrienta, me cogí una especie de carne, patatas, ensalada, croquetas y de postre un helado de fresa. Estaba satisfecha. Propusieron comer y cenar aquí cada día. Iba a ser un poco rollo venir en bici hasta aquí cada día, pero era lo más barato. Salimos todos juntos, entonces vi que había una puesta de sol, era precioso. El cielo estaba azul y a la vez anaranjado, el sol estaba a punto de desaparecer entre las olas. 
- Chicos venid- Berta nos dijo mientras corría a alguna parte.
Nos llevaba a esas rocas grandes. Entonces empezó a escalar, no parecía muy difícil, pero me estaba entrando un poco de miedo. 
¿Quién quiere saltar?-dijo Berta
Yo no quería. Se desnudo y se quedo en un bonito biquini rosa pálido, le favorecía.
- Venga- dijo mientras saltaba al agua.
Entonces Miguel me cogió la mano, y me ayudo a subir. Yo iba después de Lidia y cuando la vi tirarse me asuste.
- ¿Te atreves?- susurró Miguel en mi oído
- No-dije
- Venga, yo salto contigo- entonces me agarró la mano
Intente sonreír por el bonito gesto.
- Gracias
- 3,2,1- contaba hacia atrás y de repente salte. 


Me entró vértigo en los pocos segundos que pude disfrutar de esa experiencia. Al sacar la cabeza del agua, dije:
- ¡Es genial!
Miguel sonrió. Se empezó a hacer tarde y después de muchos saltos, risas, besos y conversaciones, volvimos a las cabañas. Llegamos en 20 minutos. Estábamos agotados y yo entre en la cabaña para cambiarme. Abrí la maleta y cogí mi pijama, era una camiseta azul claro y unos pantalones grises con puntitos del mismo color que la camiseta. Entró Miguel.
- ¿Te vas a dormir ya?
- ¿Qué hora es?
- Las 12
- No te parece tarde
- No
- Pues yo estoy cansada, además Berta nos despertará pronto, y a ver quien me levanta.
Miguel se ríe. Luego me besa y me besa, y me va empujando hacía abajo hasta que me tumbo. Entonces me quita la camiseta de tirantes. Mi frío por estar mojada se me fue rápido ante ese movimiento tan sexy. Me desabrochó el pantalón y me lo fue bajando poco a poco. Me siguió besando de forma provocadora. Yo le quite la camiseta. Nos quedamos ambos en bañador. El me volvió a besar y me tocó las caderas, el abdomen, y fue subiendo poco a poco, hasta llegar a mis pechos. Entonces yo le rocé a él, sus musculosos brazos, y su tripa, luego su espalda y sin pensar puse mis manos en su trasero. Fue algo, indescriptible. Me sentía genial, quería seguir y seguir. Pero le paré.
- Cariño, este no es el momento -dije cortante
- Vale, pues que sepas que lo haces muy bien
- Oh, me siento alagada- dije bromeando.
Me cambie de ropa, y vi que me miraba. Me puse el pijama y me intente dormir.
- Buenas noches amor-dije
- Buenas noches cielo
Dormí con una gran sonrisa en la cara, mañana sera nuestro aniversario, 3 meses juntos, y cuantos meses más quiero pasar con él. Así acaba el vigésimo capítulo de Despierta. Os dejo el vídeo de la canción de Taylor Swift aquí abajo:

jueves, 2 de agosto de 2012

19º capítulo

Ando por los adoquines de la calle, donde tanta gente te empuja y corre a todas partes y parecen saber a donde se dirigen. Yo se a donde me dirijo, voy a coger mis notas, espero que sean buenas porque he trabajado mucho este trimestre. Al acercarme al colegio, vi a ese ángel que me alegra cada día mas y mas.  Empece a sentir cosquillas en la tripa y suspire. El me puso su brazo en mi cintura y me dio un dulce beso.
- Tengo unas ganas de irnos todos juntos a Lura- dije emocionada
- Yo tengo ganas de pasar tanto tiempo contigo - dijo mi novio. El como siempre comenta cosas románticas que me hacen sentir la chica mas afortunada del mundo.
Sonrió.
-Y yo - dije, intentando decir una cosa romántica como las que me dice el.

Nos metemos en el deprimente instituto, que esta mas solitario que otros días. Cruzamos el pasillo y nos metimos en la clase mas grande del instituto y nos sentamos cerca de nuestro grupo de amigos.

La profesora de matemáticas se levanta de su silla y se pone enfrente de los alumnos. Se puede ver su mal gusto a la hora de vestir, porque lleva una camiseta larga rosa y apretada al cuerpo, también lleva unos pitillos rojos tan apretados que parecía esquelética. Empezó el discurso diciendo:
- Bueno, como ya sabéis hoy es vuestro ultimo día de la E.S.O. Y ya no tenéis que entrar en el instituto hasta el 10 de septiembre.- de repente se oyen a parte de los alumnos abuchear- bueno,bueno, como decía si queréis volver a entrar en el colegio para recoger cualquier cosa que no habéis recogido aun podéis hacerlo mañana desde las 12:00 a las 4:00 de la tarde. Para acabar con este curso tan maravilloso os vamos a dar las notas. Empecemos:
•  Mario Alonso
•  Paula Arribas
•  Daniel Armas
- Has visto los zapatos de Paula son preciosos ¿Donde los habrá comprado?- Berta me susurraba cosas de cada una de las personas que fue a coger sus notas, le encanta comentar cosas de la gente.
Pasaron los minutos y la profesora de mates pronuncio mi nombre:
- • Ana Vega- me levanté de la silla y ande deprisa hacia mis notas, tal vez por el entusiasmo de verlas o simplemente por los nervios de irnos de viaje en menos de una hora. Al llegar ahí, cogí mis notas y me gire para volver a mi silla. Pero algo raro pasaba había chicas que estaban sentadas que tenían sus miradas clavadas en mi, como si las hubiera hecho algo. Me puse a pensar en ese temas hasta que nos dejaron irnos.

En ese momento mis emociones cambiaron, sonreí y me olvide por completo de lo que acaba de pasar, ahora estaba feliz pero muy nerviosa porque cada persona que viene al viaje se encargaba de una cosa, pues yo me encargo de llegar a nuestro autobús.

- Chicos, quedan 30 minutos para llegar al autobús y en metro se tardan 20 minutos. ¿Que pasaría si el metro de retrasa? ¿ Que pasaría si por todas las maletas que llevamos, llegamos tarde a todos los andenes?

Me puse a pensar en otra alternativa. Ya lo tengo. Cogí el móvil esperando un milagro. Empece a escribir un mensaje:

Mama necesito que vengas con la furgoneta al insti, por favor!

No se como lo hizo pero en menos de 1 minuto estaba allí, y aunque vivamos a diez minutos del instituto, no te da tiempo a leer el mensaje, bajar al garaje, coger el coche y venir en menos de un minuto.
Me encantaría preguntarle como lo hizo pero estaba demasiado nerviosa para hacer preguntas   irrelevantes en ese momento. Entonces todos metimos nuestras maletas en la furgoneta de mi madre, y la dije que las llevase a la parada del autobús, la deje un papel con la dirección.  Nosotros corrimos hacia el metro y al final no llegamos tan tarde, quedaban 5 minutos. Sentí un alivio enorme al despedirme de mi madre y meterme en el autobús. 

Busque un sitio donde sentarme con Miguel.

- ¿Ya estas tranquila? Parecía que te iba a dar algo en la salida del insti, estabas roja como un tomate.- se reía. 
- Me alegro de que te haga gracia- dije sonriendo.
- Eres mi pequeño tomate rojo - dijo Miguel, solo pude sentir felicidad a su lado. Estábamos a punto de sentarnos, cuando Jaime coge del brazo a Miguel:
Tío, te has enterado de que Fonsi... Ya sabes... Con Cecilia, han intimado- dice riendo. Se sienta en un asiento y le hace una señal a Miguel de que se siente al lado suyo. 
- A la en serio- contesta sin mucho interés Miguel, mientras se sienta al lado de Jaime. Me mira, abre mucho los ojos y pone cara de estar llorando. Me empiezo a reír, mientras avanzo por el autobús para buscar un asiento libre cerca de mis amigas.

Miro en el fondo y veo a Mireia haciéndome una señal de que me siente al lado suyo. Bien ya tengo asiento. Me senté entre Mireia y Berta. El autobús tardo unos 15 minutos en arrancar, en ese tiempo, Berta se puso a hablar con lidia y con Sofia:


- Tías, habéis visto como han cambiado todos los chicos. Abel el año pasado era tan odioso con esos humos, pero ahora no están borde. Bueno, el que mas ha cambiado ha sido Miguel, porque ahora mantiene una relación pero durante los últimos 3 años ha estado liándose con todas las que se ponían en su camino. -Es cierto, ya se me había olvidado el Miguel de antes. - todas deberían tenerte envidia.


Deberían  tenerme envidia, deberían tenerme envidia. Algo dentro de mi quería relacionar esas palabras con algo, así que pensé y se me vino a la cabeza las miradas de esas chicas. Me miraban así por envidia, aun no entiendo como puedo tener una relación con un chico que hace 4 meses se estaba liando con cualquiera. Dentro de dos días hacemos 3 meses. Las 7 horas y media se hicieron cortas, entre dormir, hablar con mis amigas, hablar con Miguel, y escuchar música. Por fin llegamos.


 Me puse de pie y levante a Berta y Sofia. Eran las 2:00 de la madrugada, estaba que me caía. Cogimos las maletas e hicimos un circulo, Berta se puso en el medio para decirnos donde estaría nuestro hotel porque ella se encargaba de eso.

- Bueno chicos, ya se que esperabais dormir en una cama en un hotel. Pero los planes han cambiado, bueno los he cambiado. Vamos a dormir en tiendas de campaña cerca del mar.
-¿Qué?- dijo Adrian
-¿Tiendas de campaña?-dijo Jaime
-¿Como?- dijo Lidia
- Lo que oís, venga seguidme. 
Todos íbamos detrás de ella confusos. Me agarre a la mano de Miguel. No nos dijimos nada creo que porque estábamos cansados. Aunque el parecía con energía.

-Venga, no puedes estar tan cansada- me decía Miguel

- Tengo sueño- anuncie
Despierta
Yo gire la cabeza. De repente siento sus brazos bajo mis piernas.
-¿Que haces?- digo
- ¿No tenías sueño? No quiero que mi novia se caiga, que mañana cumple 16 años. Así que te he cogido.- casi se me había olvidado que mañana era mi cumpleaños.

Intente sonreír para que viera que apreciaba ese gesto, aunque le hubiese dado mil gracias por evitarme andar. Cuando llegamos a la arena, el quería seguir andando conmigo en brazos, pero no le deje. Me puso su brazo sobre mi hombro y tiro de mi.

Llegamos al sitio, era precioso. Estaba rodeado rocas y la arena era dura, a unos cuantos pasos teníamos el mar.También había una mesa de picnic cerca. Me tumbe en la arena, y los chicos se pusieron ha montar las tiendas, mientras Berta les mandaba. Yo empece a cerrar los ojos y no recuerdo mucho más.

Hasta que abrí los ojos, aun era temprano y vi a Miguel durmiendo, era tan mono con los ojos cerrados. Le di un beso en la frente, el abrió los ojos un segundo y sus brazos me envolvieron. Así acaba el décimo noveno capítulo de Despierta.